El polvo del mundo.
El polvo de las bibliotecas.
La biblioteca de mis sueños
o de mis pesadillas.
Donde escribí y dialogué
con los que serían mis maestros.
Caminé día tras día
por entre esos estantes,
descubriendo, encontrando,
llegando a los libros
que siempre me esperaron.
Puede que sea un espejismo.
Puede que sea un delirio
como los de la fiebre
en la infancia.
Pero no es lo mismo para
la ciudad vacía.
Con las manos
hojeábamos los libros,
libros mutantes que
cambiaban con el tiempo.
Y yo también cambiaría.
Y sé bien que ese tiempo
no fue más que un sueño.
Pero entonces era real.
Regreso años después
y el olor es el mismo,
la luz de las ventanas
atravesando el polvo
es la misma.
Y yo he cambiado.
Aunque las paredes aún
me susurran:
¿Qué leerás en tu otra vida?
Es posible que siempre
regreses.
He mirado a través
de todos esos ojos
y sé que también
soñaban conmigo.
Siempre regresaré.

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